La Coctelera

DAVID MONCAYO

Escribir me permite ser quien soy y en ratos ser otro

12 Octubre 2006

PROMESA AL ENCONTRARTE

He buscado reparar los intentos fallidos y todos los desperfectos del cotidiano buscarte; aumentan en mi cuenta las equivocaciones de esta búsqueda vital, te siento tan cerca, percibo el estruendo armónico de tu risa, el sudor de tu frente al realizar algún servicio, toda tu eres percibida por los sentidos que guardo para ti, aun estando tan cerca de mí, desde dentro de mí, no te logro hallar.

Encuéntrame en un estallido de coincidencia, salúdame con un gesto tan natural, como si de repente encontraras una parte de ti que te fue arrebatada al inicio del largo camino, como si de repente, así de la nada, tu corazón, que creías completo, era solo la mitad, y en la angustia corta de darte cuenta que estas frente a la otra parte, te unes en un abrazo para unir los pedazos que nacieron a la par. Bésame, como para explicarme porque tardaste tanto, como para reponer mis agotadas fuerzas.

Eso no más es lo que te pido, de ahí en adelante prometo llevarte de la mano a volar. Trillado y todo, imagínalo; Con el aire revolviéndonos sobre el mundo, a la altura necesaria para ver las cosas de otra manera, donde el aire es más fresco, donde podemos envolvernos en un abrazo desnudo que nadie notará. Veloces, feroces en alcanzar los objetivos de nuestra anhelante alma, seremos los que volamos juntos sin estar atados, la gente no nos reconocerá, ni entenderá, pero muy claro va a estar que nos envidiarán.

Te verán con el pelo suelo, y a mi con las manos grandes, nos verán acompañados de verdad, nos verán y no lo creerán, “allá van los que se aman” nos dirán.

Te imagina la certeza de saberte amado, con un amor muy humano, con un amor santo, con un amor perfectible. Ojala lo anheles tanto como yo. Estar delante el uno del otro, desnudos, sin temer ante ninguna imperfección de nuestro cuerpo, de nuestra alma, de nuestra historia, que los ojos solo brillen en aceptación y en un claro entendimiento amoroso. Arder, quemar, pero no consumirnos.

No sé como te imaginas la vida, no sé cuál es el propósito último de todas tus acciones, no se que será el tope de tus deseos, pero el mío es encontrarte, vivirte hasta la muerte, y dejar detrás de nuestra partida unos 20 hijos nacidos del amor, la paciencia, la fe y la bondad, y que todos ellos dejen en su vida otros 20 más.

De mi autoria, parte de las cartas a mi compañera.

Tags: poesia

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DAVID MONCAYO

Guayaquil, Ecuador
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Soy David, con 23 años intentando entenderme. Soy de Ecuador y amo muchas cosas, entre ellas a DIOS, la amistad, la poesía, las letras en general.

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